Paraguay: Guerra de poder entre Lugo y Franco

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Paraguay atraviesa hoy por uno de sus episodios más complejos desde que asumiera el 2008 Fernando Lugo al frente de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), una coalición de amplio espectro ideológico que puso fin a 61 años de Gobierno del Partido Colorado. La relación con su compañero de fórmula, Federico Franco, no ha sido positiva, sino que terminó convertido en la peor oposición que podría tener el Gobierno.

Está situación tiene su origen desde la conformación del equipo político del Presidente, donde Lugo optó por marginar al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), que es liderado precisamente por Franco. El escenario se tornó complejo, tomando en cuenta que el vicepresidente es el nexo con el Legislativo y el PLRA es el principal partido de la coalición gobernante.

En la campaña electoral Lugo se comprometió a luchar contra la pobreza y la corrupción, realizar una reforma agraria y posicionar a Paraguay en la comunidad Latinoamericana, promesas que hasta el momento no ha cumplido. Franco no las ha dejado pasar, señalando que «las promesas electorales se convierten en compromiso cuando una persona es elegida. Cuando se incumple, el pueblo ha sido engañado». Por su parte, el gobierno acusa al vicepresidente y sus seguidores de «autoexcluirse» manteniendo una campaña anti-gobierno, lo que consideran un «suicidio político».

Otro hecho que evidenció estos roces, fue la conmemoración de los dos años de Gobierno, el 20 de abril, donde Franco no fue considerado entre los invitados. A lo que respondió organizando una movilización que comenzó en la ciudad de Itauguá y que concluyó con un discurso ante la sede del Panteón Nacional de los Héroes, en Asunción, recordando el triunfo de manera distanciada de Lugo. En la oportunidad manifestó, «Ã‰sta es la marcha de la dignidad, porque el actual gobierno no está respondiendo a las propuestas realizadas al electorado».

Estas diferencias se han acentuado, desde que Lugo promulgó la Ley 3.994, que establece el estado de excepción en cinco departamentos del norte del país por 30 días. Acción que fue adoptada según el Presidente para capturar a miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), grupo guerrillero al que se lo acusa de haber cometido varios secuestros.

Lo sorprendente de esta decisión es que Franco nunca fue consultado ni informado, sino que se enteró por la prensa. Rápidamente denunció que el interés del Presidente Lugo no es la captura de los miembros del grupo guerrillero, sino una medida para traer la tranquilidad y seguridad a los ciudadanos.

Todo este clima de confrontaciones es percibido por la ciudadanía y los termina castigando. En una encuesta realizada en noviembre del año pasado por Cid-Gallup, la popularidad del Presidente sólo alcanzó un 25%, recordando que fue electo casi con un 41%. Un estudio del sociólogo Enrique Chase, del Instituto de Comunicación y Arte (ICA) entregado en diciembre pasado, muestra que desde que asumiera la dupla LugoFranco la economía paraguaya ha retrocedido un 3,8% y la popularidad del mandatario ha caído casi 20 puntos, obteniendo apenas un 29,5%.

En este sentido, la relación entre el Presidente y el Vicepresidente ha seguido deteriorándose, y las consecuencias de esto son todavía inciertas. Pero lo que es aún más preocupante es que con acciones y acusaciones como las presentadas socavan aún  más la credibilidad de la clase política y la confianza en las instituciones.

Los índices económicos y sociales siguen estancados, y se hace aún más necesario que los esfuerzos se enfoquen en esas áreas. Las confrontaciones entre los líderes políticos en oportunidades acaban aportando, pero cuando son destructivas como lo son entre Lugo y Franco poco y nada se puede esperar, ya que entre los dos no han sido capaces de generar consensos y alianzas políticas para llevar a buen puerto las grandes reformas políticas que le prometieron al Paraguay.