Brasil: Fútbol y política en Brasil

No se había definido todavía el ganador de la Copa cuando se dio el puntapié inicial a la competencia por el sillón presidencial, ese que Aecio Neves y Eduardo Campos quieren arrebatar a Dilma Rousseff. Muchos temieron que los desórdenes, saqueos y asaltos que se produjeron después del fatal partido contra Alemania, tuvieran efectos en la política. Para evitarlos, los políticos se esforzaron en mostrar solidaridad tanto con los jugadores como con la opinión pública, y los candidatos mantuvieron el ritmo de su campaña en tono menor.

La realidad, en todo caso, es que Brasil debe luchar para recuperar el impulso que lo llevó hace una década a ser una de las promesas de los países emergentes, al punto que, junto a China, Rusia, India y Sudáfrica, formó el bloque de los BRICS, con intenciones de contrarrestar el poder de las grandes potencias occidentales. Hasta ahora eso es una ilusión, pues Brasil ha sufrido una fuerte desaceleración económica que, según las estimaciones para este año, lo tendrá creciendo apenas al 1,6 por ciento. En 2013, el aumento del PIB fue de 2,5 por ciento; en 2012 del uno por ciento y en 2011, de 2,7 por ciento. Magros números para una potencia regional ambiciosa.

Esta desaceleración se palpa en los informes de las empresas. Hace unos días, la asociación de productores automotrices hizo una alarmante estimación de la productividad para 2014, que sería la más baja de los últimos 16 años, de acuerdo a Reuters. Pese a los estímulos del gobierno, que prorrogó la exención tributaria hasta fin de año, el sector tendrá una caída del 10 por ciento en la producción de autos, camiones y buses, mientras las ventas bajarán 5,4 por ciento, debido a la menor demanda interna y reducción de las exportaciones a Argentina. Ya comenzaron los despidos en esas empresas.

Pero el tema que más puede complicar a Rousseff en sus expectativas para reelegirse en octubre es el de la inflación. Nadie cree que consigue frenarla antes de fin de año y así cumplir la meta del 4,5 por ciento. Ya se ha empinado sobre el 3,7 por ciento desde enero, y aunque afloje algo pasado el mundial, se ha visto que el alza de tasas impulsada por el Banco Central hasta ahora no ha tenido el efecto esperado.

 

Las reformas que necesitan los brasileños

 

Se sostiene que para que Brasil finalmente despegue, necesita una nueva ola de reformas estructurales que ayude a mejorar la productividad. Para eso, invertir en educación y en infraestructura, especialmente caminos, puertos y otras instalaciones que permitan mejor flujo de las mercancías, es lo que recomiendan.

Un país de 200 millones de habitantes, con casi 50 millones de jóvenes, tiene grandes tareas que emprender en educación. La Presidenta-candidata ya lanzó un plan educacional centrado en la formación de profesores, el aumento de los años de educación obligatoria, la ampliación de la cobertura de guarderías y jardines infantiles y también de la matrícula universitaria. Ya está en vigencia una ley que destina el 10% del PIB a la educación, y el 75% de las regalías de los yacimientos nuevos de petróleo a ese fin. La cifra parece gigantesca, pero el gobierno señala que dadas las enormes brechas socioeconómicas, incomparables con las de Chile, es una cifra adecuada.

Recuperados de la fiebre mundialera, los candidatos se centrarán en la lucha electoral. Neves, que con el 20 por ciento de las preferencias en los sondeos tiene grandes posibilidades de pasar a la segunda vuelta, ha señalado que no quiere una «guerra» que divida al país. Dilma ha dicho algo parecido. Es probable que antes de las elecciones veamos que ambos candidatos se enzarcen en una competencia enconada por los votos. Dilma sabe que su Partido de los Trabajadores está algo agotado, y que requiere ideas frescas para reencantar a la población. No hay que olvidar que, a la izquierda, Campos va acompañado de una gran carta, la ecologista Marina Silva, quien le dio dura batalla a Dilma hace cuatro años. Estos meses pueden ser de mucha emoción, aunque no se compare con lo vivido durante la Copa.

 

Fanfarria en la Cumbre de los BRICS

 

Dilma Rousseff tendrá otra oportunidad para mostrarse a la opinión pública internacional durante la cumbre de los BRICS, el bloque de «potencias emergentes» que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, en una reunión en Brasilia esta semana. Organizados en 2009 para contrarrestar el poder de EE.UU., y la Unión Europea, pero también de Japón o Corea del Sur, los BRICS siguen soñando con cambiar el sistema global. Durante la cumbre, Dilma, Putin, Norendra Modi, Xi Jinping y Jacob Zuma esperan crear las bases de un banco de desarrollo y un «fondo de divisas», instituciones que pretenden ser «espejos» del Banco Mundial y del FMI. Con sus economías creciendo a tasas bajísimas (excepto China), y sin el brillo que una vez tuvo, puede que los BRICS funden las instituciones, pero sin muchas perspectivas de éxito.

 

 

Publicado originalmente en El Mercurio, el 14 de julio de 2014