Argentina: El Caso de la Provisión de Papel para Diarios

“Razones tiene el corazón que la razón no entiende”. La conocida cita de Blas Pascal trata de contextualizar todos aquellos raptos pasionales que, en apariencia, escapan a la lógica, pero que mandan en las conductas humanas. El trámite parlamentario de la legislación sobre la provisión de papel para diario podría inscribirse con facilidad en ese rubro.

En teoría, la búsqueda de asegurar el abastecimiento de dicho insumo a los periódicos que no son propietarios de la única productora en el país, Papel Prensa, se inscribe en lo que se ha denominado la “democratización de la información”.

Sin embargo, el verdadero “enemigo” de los editores de diarios más pequeños no son las eventuales restricciones en la provisión del papel para diarios, sino otros fantasmas que han ido tomando cuerpo en la última década.

Amenazas que se han transformado en hitos inevitables de un proceso de transformación de la industria en todo el mundo, acelerada por gobiernos que han visto en los medios insumisos una amenaza para sus respectivos “modelos” y no una oportunidad para “hacer sintonía fina” en sus propuestas.

Como insumo, el papel para diarios está atravesando un momento de estabilidad, lejos de los más de 1.000 dólares la tonelada que supo costar en otras épocas. Es que la demanda mundial cayó 20% en los últimos años, fruto de dos tendencias irreversibles: la caída de la circulación de los periódicos en todo el mundo y la migración de los lectores más jóvenes hacia soportes digitales.

1. Papel Prensa no es el único oferente pero sí el único productor de la materia prima en la Argentina. El principal importador no-propietario pagaba como precio final en 2010 el mismo precio de venta de Papel Prensa. O sea que, para muchos, resultaba indiferente comprar a uno u otro proveedor.

2. La argumentación de la discriminación hacia los pequeños compradores también es endeble: además de haber intervenido en enero de este año la secretaría de Comercio, se podría haber facilitado financieramente las operaciones por intermedio del Banco Nación para la compra en cantidad a través de cooperativas o la importación directa. Instrumentos estos que sí se utilizan en otras industrias menos “sensibles”.

3. El peso del insumo papel ha venido decreciendo frente a otros componentes: el salarial y el impositivo. Los sueldos en los gremios gráficos y de prensa han crecido por encima de los ingresos de los editores en los últimos cinco años, agravados por la rigidez estructural de las relaciones laborales en la industria que sembró de contingencias gigantescas a los medios.

4. Desde los fallidos planes de competitividad del ex ministro Domingo Cavallo, la industria editorial está en un limbo impositivo donde no se terminan de convalidar acuerdos fiscales y donde la decisión final de la aplicación o no de una norma depende de la discrecionalidad e interpretación de un funcionario.

5. Las diferencias entre los diarios y periódicos chicos y grandes es inmensa. Según un estudio que realizara ADEPA entre sus socios (más de 160 medios de todo el país y 80% de ellos, pequeños) la línea divisoria trazada en los 5.000 ejemplares de circulación paga también señala la sustentabilidad o no del negocio: allí, la rentabilidad es casi nula y es normal en los grandes, en una relación de 8 a 1, casi la delgada frontera que separa a la vida de la muerte empresarial.

Es probable que, si el proyecto aprobado en la Cámara de Diputados se convierte en Ley, habrá distorsiones (o correcciones, como se quiera llamar) en el mercado del papel de diario. ¿Quedará intocable el régimen arancelario y la forma de otorgar permisos de importación? ¿Qué reglas se aplicarán para distinguir a unos clientes de otros en el caso de Papel Prensa? ¿Serán similares a la utilizada para distribuir la pauta de publicidad oficial nacional o provincial?

Son demasiados los interrogantes para seguir considerando a la inseguridad jurídica una entelequia en lugar de lo que es: un ingrediente esencial a la hora de decidir inversiones.

Quizás estén sonriendo los fabricantes de tabletas. Si se complica la ecuación de producción, los diarios acelerarán su migración progresiva hacia los formatos digitales. Ya lo está haciendo el New York Times, alentado por el costo descendente de la tecnología. Y ése será un problema entonces para el gremio de los canillitas del diputado Omar Plaíni, de paso, vocero habitual del ahora denostado Hugo Moyano.

 

Fuente: Libertad y Progreso. Publicado originalmente el 22 de diciembre de 2011.