El Salvador: El Estado de la Nación

Por:

Rafael Castellanos

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País:

Columnas

Fecha:

30 de junio de 2015

Por: Rafael Castellanos

El discurso llamado el Estado de la Nación es una tradición en muchos países, en algunos establecido en la Constitución, por el cual el presidente informa cada año al congreso y a los ciudadanos sobre el estado del país y también lo utilizan para presentar sus propuestas legislativas y temas extraordinarios países como en Luxemburgo, Filipinas, Sudáfrica, Reino Unido, Holanda y muchos más.

En Estados Unidos cambia el título: le llaman Estado de la Unión y es el discurso presidencial más importante del año, marco referencia del año anterior y lo que prepara el Ejecutivo a futuro. En Estados Unidos invitan a las primeras filas a los jefes de las principales ramas de las Fuerzas Armadas, los jueces de la Corte Suprema y miembros del Gabinete. Los miembros de la Corte Suprema nunca aplauden, pues se estima que la rama judicial del gobierno federal tiene que ser imparcial, la independencia de poderes.

Los jefes del Estado Mayor solo aplauden cuando se trata de temas relacionados con lo militar o relaciones exteriores y la sala entera aplaude a la figura del presidente cuando entra, no a la persona en sí, pues ni siquiera llega a mencionarse su nombre, solo se dice señor presidente.

Lo que hacen otros es pertinente para preguntarnos si estamos en sintonía con el mundo y con cuáles países y de que el presidente rinde cuenta a la Asamblea, lo ceremonial, la figura del presidente, contenido del discurso y las posiciones de quienes están en la sala. No hablo solo del actual presidente sino del pasado también la respuesta del público. La respuesta es no, generalmente los presidentes dan discursos políticos, hacen propaganda, exageran los logros y no dicen los problemas como son. Puede ser que en otros países también suceda lo mismo.

Si a este día se le pidiera al presidente dar un discurso del estado de la nación, tendría que reconocer la crisis económica y la locura delincuencial que estamos viviendo y en la cual no se ve mejora, aunque hay esperanzas de que la ejecución del Plan El Salvador Seguro puede mejorar la situación.

Tendría que reconocer que uno de los problemas mayores que enfrentamos es la colisión con los principios democráticos en que estamos entrando. Su óptica no coincide con la de la mayoría en cuanto al respeto a las sentencias de la Sala de lo Constitucional. No debió acusarlos de ser culpables de la violencia por un fallo en que en el único criterio legal, el de la sala, se violó la Constitución, no es la altura y el respeto a las leyes, que esperamos del presidente. Le quedan varios años y queremos tener fe y apoyarlo.

Obedecer la Constitución es obligación de todos, la Asamblea no está excluida, y si la incumplió, hay muchas formas de arreglar el tema de seguridad pronto y legalmente. Una de ellas es negociar con quienes tienen los votos diferentes para préstamos. Adicionalmente no debe permitir que su partido ofenda a los países cooperantes como Alemania por hablar claro. Debiera referirse a la situación irregular de los juicios políticos promovidos desde la presidencia anterior y continuados en su mandato específicamente el caso de CEL-Enel en el que a todas luces los exfuncionarios enjuiciados indebidamente fueran reconocidos como tal.

La ciudadanía quisiera escuchar de boca del presidente que no estamos entrando como una calca del estilo de los gobiernos sudamericanos del Socialismo del Siglo XXI Kirchner, Correa, Maduro, en que el juicio político es una herramienta para callar la crítica o para perseguir a la oposición. El país entero quiere creer eso y le gustaría escucharlo del presidente.

Le quedan varios años por delante, presidente. Los problemas que enfrentamos son inmensos y no los puede resolver solo el Estado. Necesita de la población que reacciona positivamente sus invitaciones de diálogo con resultados.

Fuente: La Prensa Gráfica